
La secuencia habla por sí sola; En 2019, los socios eligieron a Marcelo Tinelli como presidente. Poco tiempo después, el conductor pidió licencia y el proyecto político que había comenzado con enorme respaldo de votos quedó rápidamente desdibujado.
En 2022, el club debía volver a votar en elecciones extraordinarias. Sin embargo, el proceso fue suspendido apenas un día antes de la elección, en un episodio institucional insólito.
En 2023 llegaron las elecciones ordinarias. Marcelo Moretti ganó los comicios como miniría prometiendo un cambio. Menos de tres años después, su salida derivó en una acefalía que obligó a convocar nuevamente a las urnas.
Así se llegó a las elecciones extraordinarias de 2026, que consagraron a Marcelo Culotta como nuevo presidente para completar el mandato hasta diciembre de 2027.
Y dentro de poco más de un año, los socios volverán a votar en las elecciones ordinarias de 2027.
Cinco procesos electorales en ocho años.
Mientras otros clubes discuten proyectos deportivos, infraestructura o crecimiento institucional, San Lorenzo vive inmerso en campañas permanentes, armado de listas, internas, alianzas y reacomodamientos políticos. El costo de esa dinámica no es menor. Un presidente que sabe que tiene poco tiempo para gobernar piensa distinto que uno con un horizonte de cuatro años. Los dirigentes empiezan a proyectar la próxima elección antes de terminar la anterior. Y cada decisión queda atravesada por la lógica electoral.
En ese contexto, San Lorenzo se convierte en una máquina de desgastar dirigentes. Los oficialismos duran cada vez menos, las oposiciones cambian de nombre elección tras elección y aparecen figuras que encuentran en cada crisis una oportunidad para posicionarse políticamente. La inestabilidad institucional termina siendo el mejor caldo de cultivo para los oportunistas pasajeros y el peor escenario para quienes pretenden construir proyectos de largo plazo.
Marcelo Culotta asumió con ese desafío por delante. No sólo deberá resolver los problemas económicos, deportivos e institucionales del club. También tendrá que gobernar sabiendo que, en poco más de un año, San Lorenzo volverá a entrar en campaña.
Quizás ese sea el verdadero problema de fondo. Porque ningún club grande puede crecer si vive pensando permanentemente en la próxima elección. Y San Lorenzo hace demasiado tiempo que discute dirigentes cuando lo que necesita, desesperadamente, es discutir un proyecto.
